No lo dudes. Con los tiempos que corren, ir al dietista-nutricionista empieza a ser una necesidad global y apremiante. Normalmente acudimos al dietista-nutricionista cuando sentimos que necesitamos ayuda para resolver una situación en un momento puntual (por ejemplo, quiero perder peso porque llega el verano, tengo la barriga muy hinchada o quiero iniciarme en el veganismo).

Sin embargo, hay gente que viene a vernos simplemente para aprender a comer y revisar sus hábitos. Y, aunque son pocos todavía los que lo hacen, cada vez hay más personas que se animan y descubren que ha valido la pena.

Según nuestra experiencia en la consulta, precisamente aquellas personas que no tienen un objetivo definido ni urgencia en conseguirlo son las que más avanzan.

Quizá la razón más evidente sea que, en su caso, el camino o proceso que inician no es el medio para conseguir un fin sino el fin en sí mismo.

Y esa es la clave. Que el cambio de hábitos sea el objetivo y la pérdida de peso o la barriga menos hinchada sea la consecuencia.

Quizás, a priori, resulte difícil de entender porqué una persona delgada o sin ningún problema concreto podría tener interés en acudir a un dietista-nutricionista e iniciar un proceso de cambio de hábitos. Simplemente porque vivimos en un entorno en el que se come muy mal (y lo justificamos muy bien…) y se vive muy deprisa ya sería motivo suficiente. De todas formas,  aquí van algunas de las muchas razones por las que creemos que todo el mundo debería ir al dietista-nutricionista al menos una vez en la vida:

    • Revisar y tomar conciencia de cómo son realmente tus hábitos alimentarios.

      ¿Quieres diferenciar lo que haces bien de lo que crees que haces bien?

    • Analizar tu composición corporal.

      ¿Quieres descubrir si te sobra grasa, si te falta masa muscular o si tu cuerpo tiene más edad que tú?

    • Aprender lo que realmente es una alimentación saludable.

      No, lo que dice la vecina del 4º, la Cosmopolitan del mes, los anuncios de la TV o lo que se ha dicho toda la vida, eso no es.

    • Tener un menú adaptado a tus gustos y necesidades que te ayude a planificarte mejor.

      ¿No has sentido alguna vez la necesidad de ordenar tu alimentación?

    • Descubrir conceptos y trucos nuevos que te ayuden a relacionarte mejor con los alimentos y con tu cuerpo.

      ¿Sabes cómo diferenciar el hambre emocional de la real? ¿Sabes qué alimentos tienen más capacidad saciante?

    • Diversificar tipos de alimentos, técnicas y recetas culinarias.

      ¿Sabías que los bocadillos pueden ser de más cosas que de queso o embutido? ¿crees que el tofu es solo para vegetarianos?

  •  Desmitificar falsas creencias en torno a la alimentación… ¡que hay un montón!                      ¿Sabías que 10 aceitunas tienen menos calorías que un yogur desnatado? ¿Y que una manzana tiene más calorías que 1 plátano?

  • Comprobar que con pequeños cambios en el día a día puedes obtener grandes beneficios.  Por ejemplo, con pocos cambios ya empiezas a sentirte más liger@, mejoras tus hábitos intestinales, sientes que te estás cuidando, empiezas a sentir que sirves de ejemplo a tu familia y amigos, vas dejando de sentirte culpable por comer alguna guarrada…

  • Reducir el riesgo de sufrir enfermedades crónicas directamente relacionadas con el estilo de vida y hábitos alimentarios como la obesidad, la diabetes tipo 2, la hipertensión e incluso el cáncer.                                                                                                                                            Muchos pacientes consiguen reducir significativamente su medicación gracias al cambio de hábitos, ¿no vale eso un imperio?

Ahora es cuando algun@ piensa aquello de “yo ya sé lo que hay que comer, no necesito ir a un dietista”. Bien, hagamos la prueba del algodón:

 

¿Sabes cuántas veces a la semana hay que comer legumbres?

¿Para perder peso hay alguna fruta prohibida o algún momento ideal para tomarla?

¿Son más saludables los alimentos Eco?

¿Son malos los transgénicos?

¿Los congelados y las conservas son buenos o malos?

¿Sabes interpretar el etiquetado de los alimentos?

¿Mejor sin lactosa?

¿La carne roja es necesaria?

¿Las galletas que compro son sanas?

¿Qué pasa con mis huesos si no tomo lácteos?

¿Es saludable una copita de vino al día?

¿Cuántos huevos se pueden comer a la semana?

¿Cómo identificar un buen pan? (Pista -en catalán- aquí)

En resumidas cuentas, si no sabes la respuesta a alguna de estas preguntas o tienes dudas es que TODAVÍA NO HAS IDO A UN (buen) DIETISTA-NUTRICIONISTA EN TU VIDA (busca tu dietista-nutricionista colegiado aquí).

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